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History

 

FÁBRICA LA AURORA CENTRO DE ARTE Y DISEÑO

Lo que fuera una fábrica textil, hoy alberga lienzos, esculturas y productos artesanales de grandes artistas que habitan en San Miguel

El Centro Cultural de Arte y Diseño, La Aurora, que se ha develado como uno de los principales atractivos de la ciudad de San Miguel de Allende, tiene un gran motivo de festejo: sus primeros diez años de historia.

Tras haber sido durante nueve décadas un motor importante para el sector la­boral en la industria textil, los muros de La Fábrica Aurora mutaron para albergar en ellos, lienzos y produc­tos artesanales a cambio de los tela­res que en sí ya le habían brindado fama y reconocimiento.

De esta manera en el año 2004, ba­jo el auspicio de Don Francisco Garay y con la iniciativa y el valor creativo de Christopher Fallon, Mary Rapp, Me­rry Calderoni y DeWayne Youts, artistas norteamericanos llegados a la ciudad para ref lejar sus experien­cias a través de la maestría del pincel, la escultura y el diseño, se abrieron los primeros talleres de lo que a la postre se convertiría en un centro cultural para las artes.

“El carácter de la fábrica hoy en día es creado por los artis­tas que se han ido reuniendo aquí, desde los iniciales que llegaron como son Merry Cal­deroni, Mary Rapp y Christo­pher Fallon, quien estuvo muy involucrado en los principios de la fábrica, en los conceptos y en la remodelación de sus es­pacios. Por ello creo que la fá­brica ha ido adoptando las personalidades y la creatividad de la gente que se ha ido re­uniendo aquí”, menciona el Lic. Francisco Garay, hijo de Don Francisco quien fuera propietario e impulsor de la Fábrica.

Un paseo por La Aurora conlleva a múlti­ples escenarios. Desde el sencillo deleite de dedicar una tarde a recorrer sus andado­res y estudios abiertos, por entre pinturas, antigüedades, libros y esculturas, hasta la posibilidad de encontrarte frente a frente con algún artista en pleno intercambio de ideas y opiniones al momento en que se degusta algún platillo en la cafetería del lugar, o mientras se arrojan a golpe de tra­zos a la conquista de sus lienzos.

Mary Rapp, escultora establecida en La Aurora desde su inauguración como centro de artes refiere, “los muros de mi estudio aún conservan las marcas de las máquinas de cuando era la fábrica, esas marcas que en si considero arte. Algunos de los artistas que estamos aquí realiza­mos el Estudio Abierto todos los jueves, donde las personas que lo deseen pueden vernos en nuestro proceso de creación”.

Aquí, reconocidos artistas nacionales y extranjeros entroncan con una década de historias del lugar, don­de han sabido encontrar un espacio para desarrollar su creatividad y exhibir su obra. La atmósfera que confiere La Aurora ha invitado a nuevos creadores a sumarse a los pa­sajes de este escenario, donde talentos distintivos del arte como Peter Leventhal, Juan Ezcurdia, Ricardo García y Santiago Corral, dedican ahora parte de su trayecto a plasmar aquí sus dedicaciones. Asimismo la visión e in­terpretación de escritores como Edward Swift, que se tomaron la libertad de dilu­cidar las paredes de la fábrica como pági­nas, y de esta manera hacerla propia para inspirarse a la creación de sus memorias. Finalmente, con la afinidad y el calor de centenas de familias que cada semana vi­sitan los diversos espacios que conforman el centro cultural.

“Gracias por la oportunidad de disfrutar tanta dicha de sensaciones y sentimientos que nos acercan tanto a las obras. Los visi­taremos cada año de la Universidad Liceo Querétaro los alumnos de Ciencias de la Comunicación en materia de diseño”, ex­presó Raúl Contreras, mientras recorría uno de los pasillos principales de la fábrica.

Son diez años de que La Aurora reabrió sus puertas, ahora convertida en centro de artes. Del esfuerzo de la Familia Garay sumado a la visión inicial de cuatro auto­res por explorar las arterias de la fábrica íntimamente ligadas al artista, surge este proyecto que divisa ahora los frutos de su entrega. Una década de escenas cuyos pro­tagonistas, pintores, escultores, galeristas e invitados, proyectan en el rostro del otro la inspiración adecuada para llevarse de este lugar el recuerdo de sus obras. Esa esencia que combina la identidad artística de una ciudad y el referente inmediato pa­ra sus turistas.

Desde entonces se han sumado a los co­rredores de la fábrica, galerías de arte con­temporáneo, tiendas de muebles de diseño y decoración, así como de antigüedades, joyerías, mantelería y blancos, restauran­tes y lo que quizás sea el atractivo prin­cipal del lugar: los estudios-galería, que brindan al día de hoy el magnífico color que atrae a sinnúmero de sanmiguelen­ses, turistas y cuanta persona que muestre afecto por lo artístico.


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